Educación

Un poco todos los días

Me considero más hormiga que cigarra; más cerdito trabajador que aldeana con el cántaro de leche.

Y por esos motivos creo en el aprendizaje lineal y potencial, poco a poco y ascendente. El clásico y siempre eficaz: “un poco todos los días”.

Tanto pequeños como grandes no nacemos sabiendo: aprendemos por la práctica y estudio, sea lo que sea que te plantees mejorar.

Y por eso mismo, me resuelta curioso cómo se le cambia la cara a alguien cuando hablamos de hacer niños responsables por el aprendizaje de tareas. Ese horror que se dibuja en sus rostros ante la nube negra de la pérdida de la inocencia. Como si nuestro propio Peter Pan nos dijese en ese momento: “que no crezcan…. que no crezcan….”.

La infancia no se pierde por ir desarrollando poco a poco, día a día, unas rutinas necesarias y positivas.

Los ejemplos son infinitos. Los niños no aprenden a vestirse de un día para otro: varios cambios al día, durante semanas y en un aprendizaje de años, harán que sepan ponerse ellos solos pantalones, camisetas y los complicados zapatos -los cordones ya son de muy de “mayores”- a pesar de su interés y esfuerzo.

El comer es otro hábito a mejorar; desde los primeros intentos de los padres, tratando de acertar con la cuchara en la boca, hasta ver como, poco a poco, van desmigando ese cuerno de pan que chupan durante horas. Empiezan a coger con dificultad pero muy concentrados la cuchara del yogur y la fruta. Todos esos alimentos viajan con éxito por toda su ropa y esas manos regordetas y torpes lo aplastan graciosísimamente. Pero, poco a poco, te asombras cómo aciertan como la cuchara -mientras los ves con bayeta en mano- lograr coger la sopa y llevarla a la boca sin más dramas. Y después va el tenedor, cortar el filete, comer cerezas sin temor a las pepitas y un largo etcétera. Y cuando te das cuenta, son capaces de comer una tortita mejicana con más glamour que tú.

Aprenden, cada uno a su ritmo.

Y para mí, la tarea más ardua: ir al baño. ¡Estoy aún en ello! El acostumbrarlos a hacer pis en el aseo, dejar los pañales, no sufrir ante un “mamá tengo ganas…” fuera de casa sin un aseo digno cerca; sudores fríos nos entran a todos cuando les ves parados en un rincón o dando saltitos para aguantarse las ganas. Temiéndote lo peor.

Todas esas tareas según el niño, las situaciones, la capacidad de adaptación y asimilación son muy distintas. Si te cuento mis experiencias seguro no coinciden al 100% con las tuyas, y eso es lo más maravilloso de la conducta humana.

Con una máxima de un poco todos los días, cualquier aprendizaje a cualquier edad es posible conseguir. El esfuerzo y la motivación de cada uno dependerá de la tarea y de la persona.

Pero veo mucha controversia cuando hablamos de los “deberes / tareas / ejercicios / exámenes”; y lo indico entre comillas porque según de qué edad estamos hablando, es muy distinto cómo lo llaman. Como ejemplo, para mí no es lo mismo decir una tarea que un deber. Ya sólo la expresión enfoca cómo te lo tomas y cómo lo transmites.

Mis hijos tienen tareas puntuales para reforzar lo que hacen en el colegio. En ambos casos son diferentes, derivado de sus edades. Ambos son muy pequeños; primeros años de infantil y de primaria no son edades muy significativas, como ejemplo, de muchas tareas procedentes del cole.

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Viñeta de http://www.e-faro.info

Pero si escuchas a distintos padres con hijos en diferentes edades, su criterio y opinión es muy dispar. Depende mucho del alumno, curso y modo de enseñanza.

Al igual que en los ejemplos de vestirse, autonomía en el aseo y en la comida, aprender a sumar y leer no es trabajo de un sólo día, ni un sólo curso, va en progresión con un esfuerzo en ocasiones diario o al menos constante en el tiempo.

¿Por qué no consideramos que es un deber hacia los hijos el enseñarlos a comer con tenedor y cuchara? ¿Tal vez porque la imposición proviene de nosotros, los padres, no de una persona ajena? ¡Nunca he visto quejarse con tanto ahínco a nadie porque en una guardería o escuela infantil mandasen a casa hacer un DIY para casa!

Que aprendan a leer y a sumar son necesidades tan básicas como aprender a comer. Me interesa mucho que mis hijos puedan leer lo que se escribe para ellos y de ellos y entiendan el razonamiento lógico que las matemáticas les permite, estudiar las propiedades y entidades abstractas como números, figuras geométricas o símbolos; todo aprendizaje es constructivo.

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Viñeta de http://www.e-faro.info/

Por supuesto que las manualidades son necesarias en los primeros años, sobre todo por la libertad de creatividad que tenemos; con los años los prejuicios hacen que nos cueste mucho más ciertos modos de expresión. Pero nunca he sido muy fan de separar letras de ciencias, no entiendo la ciencia si no está bien explicada y argumentada; y no entiendo las letras sin una estructura, orden y desarrollo. Ya no hay campos tan separados: la palabra y los números van totalmente ligados, dejando que cada especialidad nos ayude en un desarrollo para un conjunto.

Tal vez hemos de ser los padres los que les dejemos disfrutar de la infancia dejando que se estimulen ellos mismos en aquello que más les interese, sin dirigir sus intereses o potenciales. La infancia no está asociada sólo a la edad de juego: somos los padres los que nos cuesta desprendernos de ella -no a nuestros hijos- con más ganas de aprender de las que puedan tener nunca, ahora está todo por saber. Luego creeremos que lo sabemos todo.

 

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viñeta de http://www.e-faro.info/

 

 

 

 

 

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