Educación·Pensamientos en voz alta

Cuéntame un cuento: El cerdito trabajador

No hay cuento ni fábula que no encierre un mensaje. Siempre me han gustado las moralejas, propias o ajenas, puesto que te obliga a esa reflexión tan necesaria y no hay mejor enseñanza que la que se aprende jugando, los cuentos son un claro ejemplo.

Hace unos días disfruté de un cuentacuentos con los peques. Un cuento de cuerda como sólo Puppy’s Cuentacuentos sabe narrar. A través de la historia, la música y la participación, Ana y las dos Marías contaban la historia de los tres cerditos -bien conocida por grandes y pequeños- con una moraleja clara: el trabajo a largo plazo tiene compensación. El esfuerzo sobre la holgazanería.

Porque los tres hermanos –Los tres cerditos– tenían en común la necesidad de construir una casa y cada uno escogió la manera de hacerla: un futuro de paja, madera o ladrillo.

Y cuidado con el paralelismo de edificar un futuro de ladrillo: es la calidad y no la cantidad el mensaje de la historia. Tres casas, tres hermanos, tres materiales.

Los niños que estaban escuchando el cuento, no lo escuchaban de la misma manera que lo escuchaba yo. A parte de la narración extraordinaria, el mensaje final me resultaba tremendamente gracioso.

Trabajar y pensar con perspectiva de futuro. Tal y como hizo el cerdito trabajador.

Ahora que sigo escuchando cuentos me siguen gustando las moralejas, pero no veo reflejada esa realidad. Y creo que seguimos trabajando el futuro como si quisiéramos vivir en una casa de paja o de madera.

Un sistema educativo cambiante, un mundo lleno de prisas y experiencias exprés hacen que crea que la historia de los tres cerditos debería de estar más en auge que nunca. Tal vez no sea el lobo feroz quien venga a comernos, pero sí los vientos huracanados que harán temblar nuestros cimientos, si éstos no los tenemos en buena base.

Los niños -nosotros cuando éramos niños- crecemos y con ello nuestras convicciones y, a partir de ahí, seguimos construyendo. Esta base estará condicionada a las circunstancias con que la vivas. Pero bien nos merecería crear una solidez desde abajo para no preocuparnos tanto de enderezarla cuando estemos más arriba.

No hace falta flagelarse con el futuro, sino trabajar día a día con más perspectiva que la de cubrir el mañana.

Gobiernos, empresas, familias… en ocasiones trabajan con una perspectiva corta, sin un plan B, dejándose al azar del aire que sople. La planificación es imprescindible en toda organización que se plazca, con un compromiso de parte de todos por llevarla a bien fin.

En casa somos cuatro: cuatro personas distintas, de distintas edades, gustos y personalidades. Pero convivimos juntos bajo unos principios de cariño, respeto y orden, siendo necesario éste último para la planificación, pues la prioridad y las urgencias requerirán un orden sea cual sea el proyecto.

Viene a mi mente de nuevo el tercer cerdito que, como La hormiga en otro ilustre cuento, puso la planificación como una prioridad.

Lejos de los cuentos que oímos continuamente cuando somos más grandes, yo me quedo con el de los tres cerditos, con personajes que no me importa que me cuenten cuentos bajo la moraleja de la experiencia -como el sabio consejo de un abuelo-, que nos recuerda que la inmediatez en la que vivimos nos devorará si no sabemos mirar con la suficiente perspectiva, más allá de nuestro hocico.

Proyectar para hacer, planificar para desarrollar.

Y las disculpas al final que se las lleve un fuerte soplido.

viñeta de @como_borregos
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