Niños

¿Las princesas usan botas de montaña?

Os sitúo: estáis en una librería, buscando un libro para regalar, no tenéis un objetivo concreto, echáis un ojo por encima y sacáis un libro cuya portada sencillamente os enamora.

Eso es lo que me pasó cuando escogí un libro que regalar a mi hija el día de su cumpleaños. Lo vi y me encantó. Me sentí identificada y por ese mismo motivo quería que ella lo tuviese. No se a vosotros pero la portada me pareció genial: una pequeña princesa con botas de monte. El cuento no tiene desperdicio como supondréis y si no lo conocéis, os lo recomiendo. Es para mi la clara definición de una princesa.

Tal vez un concepto con el que todos nos sentimos más reflejados que la clásica princesa de enormes vestidos de gala, zapatitos con tacones, peinado perfecto, expresión dulce y siempre afable. Pero ¿son así las pequeñas princesas? No. Perdonad mi rotundez pero como ya comenté en un post anterior  donde mencionaba ventajas y desventajas de la maternidad/paternidad, no siempre nuestros retoños son maravillosos y adorables. Pero, ¿lo éramos nosotros?.

Cuento Infantil de Princesas
Cuento Infantil de Princesas

Me consta que en mi caso mi madre estaba más preocupada de que no me subiera a un árbol, bajase de la valla del colegio o dejase de correr como una loca por el parque. No quiere decir que no quisiese ser una princesa. Ni mucho menos, de hecho me ponía los pantalones del pijama para imitar esas grandes melenas, porque obviamente nunca he tenido el pelo ni tan largo ni tan liso como el de las princesas de Disney. Vamos, que intentar hacerme una trenza no es tarea fácil, no me luce como a ellas.

Así que tocaba el pantalón como si de mechones largos se tratara y lo movía con la delicadeza que me era posible, imitándolas, haciéndome los peinados que mi cabello no me dejaba. Que me subiera a los árboles no quiere decir que por ello no fuera coqueta. ¿no creéis? No me he considerado nunca una niña tranquila, apocada, prudente…

Brave
Película Disney

Vamos, he sido una niña tozuda en toda regla. Mi hija es más tranquila y prudente que yo. Así que aunque yo de niña quería ser una princesa, hasta hace pocos años no me identifiqué con ninguna. Hasta que apareció Mérida de Brave. Su melena sin duda me define. Pero no sólo por su aspecto físico, sino por la manera de comportarse, más rebelde. Por eso entenderéis que me encantó el cuento que inspiró este post.

No sólo porque las princesas también pueden llevar botas de montaña, sino porque también se suben a los árboles, lloran y se alborotan, juegan y se manchan y tienen más trabajos que ser sólo princesas.

Son niñas y eso por definición les hace princesas, aunque no tengan largas melenas, las medias no les duren limpias,  con su mejor vestido se suba a las vallas y salten como si de una legión de ogros huyeran, aunque protesten y protesten y protesten. A mi me encantan esas princesas tan imperfectas, tan niñas, tan reales, me recuerdan a cómo lo era yo, cómo soy yo.

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